Pequeños pasos en silencio: La “marcha” que ocurre en uno mismo

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Llegó junio de nuevo. El mundo y las redes hablan de orgullo.

Las calles se llenan de colores, mensajes de celebración y discursos sobre libertad e inclusión. Las marcas cambian sus campañas; las redes sociales se convierten en una mezcla de recuerdos, reivindicación y visibilidad. Durante un par de semanas, parecería que existir deja de ser un problema para muchas personas.

Pero no todas viven este momento de la misma manera. Hay quienes todavía están aprendiendo algo mucho más básico: existir sin miedo.
“El primo de un amigo” lo entendió demasiado tarde. O tal vez, justo a tiempo.

Durante años creyó que había algo admirable en pasar desapercibido. Ser reservado, controlado, difícil de leer. Pensaba que la discreción representaba madurez; que el autocontrol era fortaleza y, en parte, lo era. Desarrolló distintas versiones de sí mismo para atravesar espacios donde ser diferente tiene consecuencias. Ajustó su forma de hablar, de caminar, de reaccionar e incluso de mirar a alguien. Todo pasaba por un filtro interno diseñado para evitar la incomodidad, el juicio o el rechazo. Pasó tanto tiempo intentando no llamar la atención, que ahora no sabe cómo existir sin esconder partes de sí mismo.

Y ahí comienza una contradicción compleja: una parte de él quiere ser vista y comprendida, pero se convirtió en alguien tan editado y cuidadosamente construido que parece no quedar espacio para existir de forma auténtica.

Muchos siguen intentando reconciliarse con todas las partes de sí mismos que aprendieron a esconder para sobrevivir. Intentan dejar de vivir como si siempre hubiera que pedir permiso para existir.

Porque hay experiencias que no desaparecen automáticamente solo porque el calendario cambie o porque exista un espacio seguro durante un par de semanas al año. Por lo que, para algunas personas, el orgullo no siempre se vive desde el ruido o una celebración vistosa. A veces se manifiesta en actos mucho más pequeños como dejar de corregir ciertos gestos, hablar con un poco más de libertad o permitir que alguien más las conozca sin esconder las partes de sí mismas que durante años ocultaron por considerarlas incómodas.

Al final de cuentas, el orgullo es un movimiento por el derecho a vivir con libertad, dignidad y respeto, muchos luchan frente a una marcha, pero algunos otros, enfrentando miedos que nadie más ve.

Escrito por: Marcos Jatomea 
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